El expresidente Donald Trump declaró este martes que considera “inaceptable” cualquier opción que no implique la anexión de Groenlandia a Estados Unidos. Sus palabras, difundidas horas antes de una reunión entre los senadores republicanos J. D. Vance y Marco Rubio con responsables de Dinamarca y Groenlandia, reactivaron un viejo tema de fricción diplomática: el deseo de Washington de expandir su influencia en el Ártico.
Trump aseguró que la OTAN sería “más formidable” con Groenlandia bajo control estadounidense. La isla, un territorio autónomo del Reino de Dinamarca con unos 56 000 habitantes, tiene un alto valor estratégico por su ubicación en el Atlántico Norte y sus abundantes recursos naturales, incluyendo minerales críticos y rutas marítimas emergentes debido al deshielo polar.
El interés estadounidense por Groenlandia no es nuevo. En 1946, el presidente Harry S. Truman ofreció comprar el territorio por 100 millones de dólares, propuesta que Copenhague rechazó. Trump mismo ya había intentado explorar esta posibilidad durante su mandato (2017‑2021), lo que generó tensiones diplomáticas con Dinamarca, que calificó la idea de “absurda”.
Analistas señalan que la reaparición del tema coincide con el aumento del interés global por el Ártico, donde potencias como Rusia y China buscan ampliar su presencia. Para Dinamarca y las autoridades groenlandesas, sin embargo, la insistencia de Trump vuelve a desafiar la autonomía política del territorio y su delicado equilibrio dentro del Reino danés.
Con Vance y Rubio buscando reforzar la cooperación ártica con aliados nórdicos, las declaraciones de Trump podrían complicar la interlocución diplomática y volver a situar a Groenlandia en el centro de una disputa geoestratégica que mezcla ambiciones energéticas, seguridad y soberanía.



