Por Raciel Rivas
A Tamara la conocí primero como dramaturga, a través de un flyer que rondaba la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, alma mater de ambos; su obra de entonces: “Azul melódico solar”. El título “melódico” y “poético” estuvo rondando en mi cabeza durante días. No pasó mucho tiempo cuando de pronto apareció frente a mi con esa vivacidad inalterable y pudimos dialogar sobre su obra. Ha pasado más de una década desde aquellos años mozos y universitarios. Ahora trae en manos, ya no propiamente melodías dramatúrgicas, sino versos que componen su primer poemario: “Pantera de arena”. Debo advertir que el diálogo con ella desde aquel entonces ha sido ininterrumpido. Tamara posee una virtuosa compulsión a la palabra. He aquí un poco de esa compulsión vuelta poesía.

RR: Tamara, traes una nueva publicación, un nuevo poemario, cuéntanos, ¿cómo se fraguó esta nueva obra?
TS: Pues, es un poemario, creo que como el primer poemario de cualquier, o de la mayoría de los poetas, que tiene un poco de todo, son poemas reunidos durante 13 años. Yo durante mucho tiempo no compartí mi poesía y llegó un punto en donde una amiga muy cercana que, por cierto, conocí desde antes en una escuela de fotografía y tomábamos clases juntas, le empecé a compartir mis poemas y me empezó a editar, o sea, como que surgió una especie de relación editorial orgánica, amistosa.
Y en ese momento, esta amiga Rocío Cerón, tenía un taller de proyectos poéticos, procesos poéticos, donde muchos estábamos construyendo, bueno, muchos estaban construyendo libros, y entonces llegó la primera sesión y me dijo Rocío ¿de qué es tu libro? Y yo, pues no sé, tengo esta colección de poemas que no sé qué son, y bueno, poco a poco fuimos descartando algunos, puliendo otros, escribiendo nuevos, y se organizaron en tres secciones. Digo, fue un proceso muy largo, yo creo que la escritura transcurrió durante estos 13 años. Estuve tallereando con la poeta
Marta Mega y también con Lola Langarica que es una poeta ya publicada y muy chida. Así mismo con Rocío Cerón, que bueno, es una figura fundamental de la poesía experimental y transmedia en México.
RR: ¿Por qué Pantera de arena? ¿Quién es la pantera de arena?
TS: Pues salió de un juego de palabras, salió de un poema que no está en el poemario. Yo estaba en el mar, estaba viendo el mar y pensando en mi madre. Y es que tengo una relación de amor-odio con mi mamá, como muchas mujeres. Y en ese momento estaba hablando sobre la maternidad, y entonces jugando con el inglés como maternity, paternity, pantera, jaguar, ¡no sé qué! Y pues para mí, siempre mi mamá fue como una fiera, como un felino súper protector, pero también como los felinos que de pronto pueden ser agresivos, ¿no? Como que siempre están un poco al borde, observando, muy sigilosos.
Y, bueno, creo que es como una figura que me describe a mí y también a mi madre, o sea, en ese sentido es algo que nos une a las dos. O sea, yo también siento que soy una pantera. Como que puedo ser muy protectora, pero también toda una fiera. Sentí que es como un poemario muy íntimo, porque todos los poemas surgen de mis diarios, o sea, es una etapa escritural pues muy de la mano también con mi psicoanálisis, con lo que llamamos un coming of age porque ¡fueron todos mis veintes! Que es como una etapa en donde vas definiendo un poco el paso de ser un mocoso que no sabe qué hacer con su vida, hasta dónde te escupe la vida. Y como ir dirigiendo ese escupitajo hacia donde tú quieres.
Entonces, creo que la pantera es esta fuerza, este misticismo, esta magia que pertenece a la noche, y de arena porque también la arena se deshace, se escapa entre los dedos. Así, esta contraposición de la fuerza y de lo efímero habla de mis veintes.
RR: ¿”Pantera de arena” está organizado de manera cronológica o por momentos, mejor dicho, estadios emocionales?
TS: Pues…tenemos tres secciones en el libro, la primera se llama Conjurar el agua, que es un homenaje al agua, justo a ese linaje materno, como a mis raíces, al ser mujer: como la figura del agua. Luego el segundo capítulo se llama Pensar la niebla, que habla de como toda una etapa muy depresiva de mis veintes, o varias etapas depresivas. Depresión intensa, profunda. Y Pensar la niebla viene de un libro de William Styron, que habla sobre su depresión: un libro autobiográfico, muy cortito. Sí. Este, que habla sobre una etapa en donde él acaba de ganar el premio Pulitzer, se sube a un taxi y lo primero que piensa es “me quiero suicidar”. Entonces, cuando describe la depresión, él le llama en inglés brain fog. Porque es como que todo el tiempo tienes una nube en el cerebro: y todo el tiempo estás como en una neblina mental. Y pues, como que son muchos poemas que reflexionan sobre ese estado depresivo.
Y el tercer momento del libro se llama Exorcizar el aire. Porque son poemas de amor y de desamor. Y pues, pensé al amor como ese exorcismo del aire, ¿no? Querer quitarle al diablo algo que ni siquiera puedes tomar entre tus manos.
RR: Justo ahora que hablas de inspiración, de William Styron. ¿Qué poetas o artistas, no necesariamente desde la poesía, crees que influyeron en esta pieza en estos 13 años?
TS: Sí. Está William Styron. Luego, mi tío que es letrista y poeta, y me regaló una antología de poetas mexicanos del siglo XX. Alejandro Aura, claro, Efraín Huerta, Octavio Paz. Como que por ahí empecé un poco y luego me metí a internet porque en el libro había muy pocas mujeres. Y entonces, este, pues descubrí una poeta que se llama Matilde Alba Swann, que tiene un poema que me encanta, que se llama Poema para mí misma, que es un poema largo. Para que te des una idea, va de su bautismo a su muerte y todo lo que hay entre esos dos estadios. Y creo que ese poema me marcó tanto que lo escribí así a mano en las paredes de mi cuarto. Este, y lo tuve escrito ahí un buen rato hasta que me obligaron a pintarla porque no era mi casa, era casa de mi padre (risas).
Este, y bueno, creo que es un poema que sí articuló mucho mi escritura y el cómo quería escribir. Se trata de una escritura muy personal, honesta. O sea, como que de la introspección de cómo me siento a cómo lo pongo afuera y cómo encuentro las palabras y las figuras y las imágenes que describen eso que siento y que tal vez me está haciendo daño porque todavía no lo nombro.
Entonces, este, pues sí, creo que ella (Matilde Alba Swann) me marcó un montón. ¡Alejandra Pizarnik! ¡Uy! Fuegos de Marguerite Yourcenar: ¡Libraso!. Este último me lo regaló el mejor amigo de mi papá que es psicoanalista y es un, pues no es un poemario, pero es de los primeros libros de Marguerite Yourcenar que habla sobre el amor justo. ¡Y es desgarrador y súper intenso! y súper teatral que justo, bueno, yo, toda esa década de los veinte, pues me dediqué al teatro y al cine, entonces, pues nos encanta el drama (risas).
RR: Qué maravilla Tamara. Justo te conocí en esa época. Cuéntanos ¿Cómo fue esta experiencia de pasar a la poesía, digamos, en términos de escritura y en términos de desbordamiento creativo? ¿Qué diferencias puedes detectar entre escribir dramaturgia y escribir poesía? ¿y qué te gustaría seguir escribiendo, dónde te sientes más cómoda?
Ay, pues para mí pasar a la poesía fue liberador, sí, muy liberador, porque escribir dramaturgia tienes que estar pensando en el cuerpo del actor, incluso ya en cosas como de producción. Imagina, alguna vez escribí una obra con veinticinco personajes, y en el momento que la escribí dije: “jamás voy a poder producir esto”. O sea, ¿en qué momento voy a tener el dinero para pagarle a veinticinco actores? ¡Y encima montarlo! Agregale que también tienes que pensar en cuestiones de dirección, de cómo se ve en escena, es como un pensamiento mucho más tridimensional.
Y se me ha sido súper complicando, o sea, yo sé que hay gente que se le da muy bien, conozco dramaturgos maravillosos. Entonces, como que mis obras de teatro siempre eran muy poéticas, pero siento que me faltaba esa tridimensionalidad, que en la poesía es muy fácil, porque yo estoy pensando en cómo me siento yo, y después cuando edito es como de “¿cómo le paso esto al lector?” Y siento que es una relación de uno a uno. En el teatro siento que es así una red entre todo lo que tiene que suceder en escena y con el público. Ok. Entonces, sí, creo que me siento más en control de la situación, de esta relación lector-autor, que no tiene que pasar por tantos cuerpos.
Aunque fue un proceso mucho más extendido, el poético, por así decirlo, pues puede quedar dentro tuyo el tiempo que necesites, y pues yo necesité 13 años.



RR: ¿Ha habido ya presentaciones? ¿O va a haber presentaciones? Cuéntanos un poquito de esto. Y también de la forma del poemario.
TS: Sí, claro, pues es un libro, es un poemario pequeño, yo quería como algo que puedas llevar en tu bolsa a leer en el metro, o sea, como compartir, así, o sea, como que no quería un bodoque ahí de libro canónico, pero sí que estuviera en papel, que lo pudieras tocar, que lo pudieras rayar. Y pues es cosido. Entonces, lo puedes abrir y cerrar, y como un poco, como libro de trabajo, y de páginas son como 60. La portada la diseñó mi amiga Sofía Arias y la imprenta es de su familia, entonces, como que todo se quedó un poco en familia, en colaboración Cuernavaca-CDMX.
La editorial, en realidad, podría decir que es el proyecto cultural de Lola Langarica, que se llama Canasta Básica. Pero no es una editorial. A partir de este libro se está planteando editar y producir más libros. Pero no es una editorial como tal, o sea, Lola me dio un acompañamiento editorial, y de ahí, pues, yo un poco gestioné la imprenta, la portada, o sea, como que todo un poco, el diseño, este, de la maqueta lo hizo Luis Rueda.
Entonces, pues digamos que es autopublicación, con gente muy profesional. Y bueno, la primera presentación fue en Cuernavaca, en “La Cueva”, que es como un espacio cultural, barcito, muy lindo.
Y la segunda fue en “Utópicas”, aquí en Ciudad de México, en Coyoacán. Es una librería feminista con muchos libros de humanidad, de ciencias sociales, y poesía de mujeres poetas y disidencias. Es un proyecto cultural muy chido Utópicas, y pues ahí lo presentamos, y la idea es volver a presentar, todavía no sabemos dónde.
RR: Tamara, y bueno, supongo que, pues, ya estás ahorita experimentando la poesía, ¿consideras que te piensas, quieres dedicar a escribir libros de poesía, o simplemente es algo que salió, algo que estás compartiendo muy, muy personal? Digo, porque eres una persona muy creativa. Has producido bastante. Yo te conocí en el mundo del teatro, ahora estás en lo poético. ¿Qué te emociona a nivel creativo en este sentido? ¿Consideras que has encontrado tu camino en el ámbito de lo poético?
TS: Me siento en un momento bien rico. O sea, sí quiero seguir escribiendo. De hecho, tengo dos libros ahorita en proceso. Este, me hace pensar como también el proceso de distribución, si los quiero imprimir o no, o más bien quiero hacer unos e-books, o si me quiero como por el arte de la literatura digital.
Como que estoy pensando en qué formato. Ya tengo ahí los poemas, los estoy trabajando, pero pienso, ¿cómo comparto esto al mundo de manera que llegue a más personas?
Por otro lado, hice una película en el 2020 con un celular de viaje, y pues apenas ahorita estamos empezando las campañas para difundirla. La vamos a difundir de forma pública, gratuita, abierta. Se trata de una comedia, es una locura, es una cosa rarísima.
Y pues como artista, creo que quiero seguir expresándome en el medio que me lo permite y que me abra las puertas. Y que ha sido así siempre en mi vida. O sea, el teatro me abrió las puertas y llegó un punto en donde se cerraron, y entonces el cine llegó. Y se cerraron, y entonces la poesía, o sea, siento que como, como un riachuelo de agüita que va buscando su camino entre las piedras. No quiero en el camino la menor resistencia, o no sé cómo se traduce, de path of less resistance. Quiero ir a donde se me resista menos.
RR: ¿Podrías compartirnos un poco de tu poemario?
TS: ¡Claro! Este es un extracto de Conjuros Profanos, que es un poema en dos partes, entonces voy a leer la segunda parte:
“Buscar palabras nuevas e interesantes y solo tener estas, las más torpes, comunes. El deseo de revelarme como algo especial, quitarme algún órgano vital y convertirme en Pablo Picasso o Pedro Almodóvar. Pero no en otra mujer, porque ellas siempre sufren mucho. ¿Qué espero? Un mensaje de amor sencillo como los peces que viven en la orilla de tus pensamientos. ¿Qué tengo? Desastres naturales en mi pecho, sexo desenfrenado color naranja, una tristeza inmensa, hechizos de mar, conjuros profanos, mostaza y bigotes de toro.. Desastres naturales en mi pecho.
Raciel Rivas.



