Cuba enfrenta una crisis económica y política profunda en 2026, marcada por recortes severos similares al Período Especial de los años 90, tras el colapso soviético que provocó una caída del PIB superior al 30% en cuatro años. Hoy, el gobierno de Miguel Díaz-Canel anuncia ajustes drásticos ante una «situación compleja» con apagones constantes, inflación galopante, escasez de alimentos y combustibles, y un crecimiento proyectado del PIB apenas del 1%, insuficiente para revertir la recesión acumulada desde la pandemia.
Contexto Histórico
La economía cubana ha ciclado entre dependencias externas y crisis internas desde la Revolución de 1959, que nacionalizó industrias y priorizó la exportación de azúcar bajo subsidios soviéticos. El Período Especial (1991-1994) expuso la fragilidad de ese modelo al perderse 85% de su comercio con la URSS, llevando a hambrunas y migraciones masivas; hoy, el embargo estadounidense, la caída del turismo y la crisis venezolana replican esa «espiral sin salida», con pobreza extrema cerca del 88% y un colapso energético peor que en décadas pasadas.
Emergencia Actual
En febrero de 2026, Cuba vive una «economía de guerra» con recortes en subsidios, priorización de divisas para alimentos y defensa, y un plan «mínimo» que busca estabilizar el déficit fiscal mientras el sistema eléctrico falla repetidamente. La población sufre apagones de hasta 20 horas diarias, precios disparados en el mercado negro y éxodo de un millón de personas en años recientes, agravado por políticas de austeridad que no resuelven la descapitalización estructural ni la dolarización parcial. Políticamente, el régimen mantiene control férreo, pero la represión y la falta de libertades agravan la desconfianza social.
Reflexión
Cuba encarna la tragedia de un ideal revolucionario atrapado en su propio dogma: lo que comenzó como promesa de igualdad derivó en dependencia crónica y rigidez ideológica, incapaz de adaptarse a un mundo multipolar. La emergencia actual no es solo embargo o sanciones —aunque pesan—, sino el fracaso de un modelo centralizado que asfixia la iniciativa privada y la innovación, evocando el Período Especial pero sin el colchón de aliados pasados.
En este 2026, mientras el gobierno proyecta un tímido 1% de crecimiento con turismo y exportaciones de servicios, la pregunta persiste: ¿cuánto más resistirá un pueblo noble antes de que la historia fuerce un giro profundo hacia la apertura real?
Foto de Florian Wehde en Unsplash



