La decisión del expresidente estadounidense Donald Trump de imponer un bloqueo naval en el estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más estratégicas del planeta, ha generado una ola de preocupación en Europa y Asia. Gobiernos y empresas temen que la medida provoque un nuevo repunte en los precios del petróleo y el gas, ya tensionados por los conflictos en Medio Oriente.
El estrecho de Ormuz —paso obligado para cerca del 20% del petróleo que se consume a nivel mundial— conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico y es clave para el suministro energético de Asia y Europa. La interrupción parcial del tráfico marítimo anunciada por Trump, bajo el argumento de “proteger los intereses de Occidente frente a las amenazas iraníes”, ha sido interpretada por analistas como un gesto de confrontación directa con Teherán y de presión económica sobre sus aliados.
En Europa, los países más dependientes del crudo importado, como Alemania, Italia y España, advierten sobre el impacto inmediato en la inflación y en los costos de producción. Bruselas ha convocado una reunión de emergencia del Consejo Energético para evaluar medidas coordinadas que garanticen el abastecimiento y limiten la volatilidad en los mercados.
Mientras tanto, en Asia, donde la dependencia del petróleo de Oriente Próximo es aún mayor, la situación comienza a traducirse en medidas concretas. En el Sudeste Asiático, países como Tailandia, Filipinas y Vietnam aplican racionamientos de combustible y energía eléctrica desde hace semanas. A su vez, Tokio y Seúl han incrementado sus reservas estratégicas y buscan acuerdos alternativos con productores de África y América Latina.
Expertos en geopolítica advierten que un bloqueo prolongado podría alterar el equilibrio energético global y acelerar la búsqueda de fuentes alternativas, desde energías renovables hasta la reactivación de plantas nucleares. Sin embargo, a corto plazo, la incertidumbre domina los mercados y amenaza la frágil recuperación económica mundial.



