Este martes, poco más de 210 millones de estadounidenses están llamados a las urnas para renovar los 435 escaños de la Cámara de Representantes, 35 del Senado y 36 gubernaturas. Aunque Donald Trump no aparece en la boleta, el reparto de fuerzas que salga de las urnas definirá cuántos frenos tendrá su gobierno durante los dos años restantes de mandato, con niveles de aprobación en mínimos históricos y dos tercios del electorado que desaprueba su gestión, principalmente por el costo de la vida.
Para México, los efectos son directos. El nuevo equilibrio legislativo influirá en la interlocución sobre comercio, migración y seguridad, en plena revisión del T-MEC: la cuarta ronda quedó pospuesta y sin fecha, a la espera del resultado electoral, según ha reportado la prensa financiera. México busca un acuerdo interino que reduzca a 15% los aranceles al acero y a los autos, mientras el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, sostiene que la revisión puede cerrarse antes de que termine el año, aunque The Wall Street Journal reportó que la negociación se atoró por la resistencia del secretario de Comercio, Howard Lutnick.
Un dato acentúa la conexión bilateral: California, Arizona, Nuevo México y Texas —los cuatro estados que comparten frontera con México— eligen gobernador, un cargo con peso directo en la seguridad fronteriza y la relación con los estados mexicanos vecinos. Además, miles de estadounidenses que viven en México —de los cerca de 2 millones estimados— cruzarán la frontera o votarán por correo para participar en unos comicios que también definen el presupuesto de las agencias fronterizas y el tono de las políticas migratorias.



