El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, llamó a los “socios en todo el mundo” a respaldar la política de sanciones de Washington contra Irán y a responder “con firmeza” frente a organizaciones que, dijo, forman parte de un mismo abanico de amenazas, “desde Hezbolá hasta el Cártel de Sinaloa”.
La mención directa del grupo criminal mexicano coloca nuevamente al narcotráfico en el centro de la agenda de seguridad bilateral. Para la administración estadounidense, los cárteles no solo representan un problema de tráfico de drogas, sino redes con capacidad financiera y logística transnacional, comparables —en su lógica de sanciones— con organizaciones consideradas terroristas.
En este contexto, especialistas advierten que el endurecimiento del discurso podría traducirse en mayor presión sobre México para reforzar acciones contra el Cártel de Sinaloa, particularmente en materia de combate al lavado de dinero, control de precursores químicos y cooperación en inteligencia.
El señalamiento también ocurre en un momento en que Washington busca ampliar el alcance de sus sanciones internacionales, lo que abre la puerta a medidas más agresivas contra estructuras financieras vinculadas al narcotráfico mexicano.
Hasta ahora, el gobierno mexicano no ha respondido de forma directa a estas declaraciones, aunque en reiteradas ocasiones ha rechazado equiparar a los cárteles con organizaciones terroristas, subrayando que se trata de un fenómeno delictivo que debe atenderse con estrategias de seguridad interna y cooperación, no con intervenciones externas.



